
1. Protege el corazón. Uno de los grandes beneficios del aceite de oliva se debe a su gran cantidad de polifenoles, que son compuestos bioquímicos con propiedades antiinflamatorias y antitrombóticas. Evitan la proliferación de placas que obstruyen los vasos sanguíneos y mejoran la circulación, obligando al corazón a bombear la sangre más de prisa.
2. Previene el envejecimiento. Sus antioxidantes y vitamina E son benéficos para evitar que los radicales libres dañen la piel y, por consecuencia, la oxidación celular. Estos componentes retrasan los efectos nocivos como son la pérdida de elasticidad y colágeno.
3. Ayuda a disminuir el índice de masa corporal. A pesar de que es muy calórico, una dieta rica en aceite de oliva podría reducir los índices de obesidad porque se digiere mejor que otras grasas o aceites comestibles y aumenta el colesterol bueno en la sangre, además contiene grasas monoinsaturadas. Debido a su contenido de beta-sitosterol tiene un efecto laxante.
4. Fortalece los huesos. El aceite de oliva virgen también tiene un efecto positivo para proteger los huesos, ya que permite absorber mejor la vitamina D y calcio. Asimismo, con su consumo habitual aumenta significativamente las concentraciones de osteocalcina, una proteína exclusiva del sistema ósea.
5. Controla la presión arterial. Las grasas monoinstauradas presentes en el aceite de oliva reducen el riesgo de sufrir de hipertensión, explica la Sociedad Iberoamericana de Información Científica.
El aceite de oliva también actúa como antiinflamatorio, por su alto contenido de oleocantal, lo que hace que ayude a reducir el dolor en articulaciones y músculos, y a prevenir enfermedades como el cáncer. Y contiene antioxidantes y otros nutrientes que hacen que se reduzcan los niveles de colesterol malo en sangre, aumenten los de colesterol bueno, y nos prevenga de un envejecimiento prematuro.



